EL CAMINO DE LA CRUZ EN EL EVANGELIO DE MARCOS

 JOSÉ LUIS AVENDAÑO, Chile
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2.         Ubicación del texto y su unidad de sentido

El antecedente literario anterior a nuestro texto lo constituye la declaración de Pedro y, paso seguido, el primer anuncio de la pasión (8, 27-33), como, a su vez, el relato de la transfiguración (9, 2-8), el descenso del monte unido a la explicación sobre la venida de Elías (9, 9-13) y la curación del muchacho endemoniado aparecen como inmediatamente sucediéndole. Ambos contextos deben ser comprendidos, e conformidad con la línea redaccional procurada por el evangelista a través de toda esta sección del camino: instrucciones sobre el discipulado, costos sobre el seguimiento, etc., de modo que se debe advertir en ellos un estrecho vínculo temático el cual tenderá a reforzar aún más el valor destacado que el evangelista querido dirigir a la idea concreta del seguimiento bajo el signo conductor de la cruz, la que a nuestro juicio alcanza su clímax precisamente aquí en 8, 34-9, 1. Es posible advertir en nuestra perícopa una secuencia de seis dichos (8, 34b, 35, 36, 37, 38, 8, 1) quizá, originalmente independientes y arraigados, presumiblemente, en el contexto vital de la catequesis[65]. Inclusos en su estado actual y ya como unidad compacta, la perícopa muestra ser independiente también en relación con el contexto anterior, indicativo de esto último es la incorporación abrupta de Ò ÐP8@H *) en v. 34a, aún más si se tiene en cuenta que ésta, la multitud, ya había sido despedida con ocasión de la segunda multiplicación de los panes (8, 9), de modo que su inclusión viene a variar y a ensanchar aquí el círculo de momento exclusivo del auditorio de Jesús: :"20J"\.

*) Los caracteres griegos son: WP Greek Century. Los de hebreo son: WP Hebrew David - de esta página web: http://members.fortunecity.es/todofuentes1/index/descarga/simbolos/lenguas.htm .

Tal evidente impasse no puede ser explicado, a mi modo de ver, como un lamentable descuido del evangelista que no haría más que acusar su insensibilidad literaria, sino más bien, como un procurado giro redaccional del mismo que busca aquí, luego de aquella comunicación profunda del camino y de la persona de Jesús y del cada vez más cercano arribo a Jerusalén, la distinción definitiva entre la mera multitud y el genuino discípulo. Es por esto que el llamamiento debe aparecer aquí dirigido tanto a la gente como a los discípulos: 5" BD@F6"8,FV:,<@H JÎ< ÐP8@< F×< J@ÃH :"20J"ÃH "ÛJ@Ø, ya que el contenido de esta nueva comunicación (el primer anuncio de la pasión), ha de operar como principio seleccionador entre la multitud, aquella que se queda tan sólo a la vera del camino y del discípulo, aquel que sigue a Jesús por el camino de la cruz[66]. Ahora bien, aquí en 8, 34 la metáfora del seguimiento aparece, como es costumbre e Marcos, por medo de la forma del imperativo presente expresando así su dinámica continua: 6@8@L2,\JT :@4, el que a su vez entraña dos condiciones elementales y éstas también en su modo imperativo: 1) B"D<0FVFJT ©"LJÎ<. 2) DVJT JÎ< FJ"LDÎ< "ÛJ@Ø. De que se trata de un modelo ya internalizado por Marcos como fórmula de llamamiento del discípulo, lo muestra el esquema paralelo sobre el llamado de Simón y Andrés, y el texto que nos ocupa:

1, 17-18

8, 34

a) *,ØJ, @B\FT :@L

a) J4H 2X8,4 @B\FT :@L ¦82,Ã<

b) NX<J,H *\6JL"

b) B"D<0FVFJT ©"LJÎ<

DVJT JÎ< FJ"LDÎ< "ÛJ@Ø.

c) ²6@8@b20F"< "ÛJä

c)  6" 6@8@L2,\JT :@4.

 

 

[65]Cf. R. Bultmann, Historia, 142,

[66]Por ello no puede ser aceptada la opinión de Enrique Nardoni, La Transfiguración de Jesús y el Diálogo sobre Elías según el Evangelio de San Marcos, Facultad de Teología de la U.C.A, Buenos Aires, 1976, 44, quien sostiene que en este contexto Ò ÐP8@H representa para Marcos el conjunto de los creyentes en Cristo, contraria, por lo demás, a la temática de distinción que Marcos establece a lo largo de todo su evangelio entre pueblo y discípulos.  Precisamente, yo opino que aquí, en la referencia a los discípulos se halla contenido un grupo de seguidores, ciertamente más extensivo que los Doce, conformado por aquel grupo de hombres y mujeres que han optado una vida de radical desarraigo para seguir en pos de aquel carismático* itinerante, Jesús, y que como ha demostrado G. Theissen, (Radicalismo itinerante; La redacción de los evangelios) luego de la muerte violenta de Jesús, se han constituido en los depositarios de la tradición jesuática más fidedigna y temprana.