EL CAMINO DE LA CRUZ EN EL EVANGELIO DE MARCOS

 JOSÉ LUIS AVENDAÑO, Chile
Registro de Propiedad Intelectual, Inscripción: 130.911, Prohibida su reproducción;
correo electrónico: jlam_85@hotmail.com .

03

3.         Nuestra subdivisión y el resto del camino

Ahora bien, nosotros delimitaremos nuestro análisis de esta sección del camino, particularmente a la perícopa 8, 27-9, 1 a la que entendemos ya como unidad compacta y de sentido. En efecto, luego de la mención toponímica de 8, 27 no aparece otro dato local en toda esta subdivisión sino a partir de 9, 2 con la alusión al monte alto. La anterior mención que ofrece el evangelio, y ya formando parte de la sección de Galilea, habrá sido Betsaida. No cabe duda de que el evangelista-narrador ha querido llamar la atención a que toda esta escena se desarrolla en el trayecto del camino a Cesarea de Filipo. Para Mateo (16, 5), por su parte, el antecedente previo será “la orilla de enfrente” del lago, y para Lucas (9, 10), al igual que Marcos, Betsaida. Que en esta nueva sección que se inicia los conceptos de: “discípulo-camino-seguimiento”, constituyen elementos conductores de los relatos que a continuación se suscitan, se aprecia ya e la afirmación en 8 27 de los discípulos ( :"20J"\), que “acompañan-siguen” a Jesús por el camino (¦< Ò*`H) *). Por otro lado, ya el verbo que inicia esta sección y que sirve de conexión con los relatos anteriores, ¦>XDP@:"4, es un verbo dinámico que expresa la idea de movimiento, es el “ir” el “avanzar” por el camino. Pues bien, esta compacta unidad de sentido que conforma nuestra perícopa halla, a nuestro juicio, tres elementos claramente constituyentes, a saber: 1) la mención toponímica de Cesarea de Filipo, la confesión de Pedro y el mandato al silencio (8, 27-30); 2) el primer anuncio de la pasión (8, 31-33); 3) el costo de discipulado y el logion sobre la parusía. Queremos aquí, por lo tanto, destacar los conceptos claves de “camino” y “seguimiento” en la labor redaccional del evangelista y, a partir de allí, destacar la centralidad de la teología crucis para efectos de esta subdivisión , tanto como marco configurador de todo el evangelio.

*) Los caracteres griegos son: WP Greek Century. Los de hebreo son: WP Hebrew David - de esta página web: http://members.fortunecity.es/todofuentes1/index/descarga/simbolos/lenguas.htm .

Finalmente, luego de 8, 27-9, 1 continuará la sección del camino en el evangelio de Marcos, y con ello el marco literario dispuesto para proseguir con la temática del discipulado, en función claramente del asumir el camino de la cruz como itinerario ineludible del seguimiento, cuanto más cerca se avecina la llegada a Jerusalén. Con el relato de la transfiguración (9, 2-8), quedará finalmente resuelto el tema tocante a la identidad de Jesús que había sido planteado por él mismo a sus discípulos (8, 27-30), ésta no recibe ya su contestación ni del pueblo ni si quiera de los propios discípulos, sino de Dios mismo: @ßJ`H ¦FJ4< Ò LÊ`H :@L Ò ("B0J@H, 6@b,J, "ßJ@Ø (9, 7). Jesús es el Hijo amado de Dios, su único, su predilecto razón más que suficiente para que los discípulos comprendan que es a él y a su palabra a quien deben oír es a él y a su palabra a quien deben seguir. Todo lo que aún resta en esta sección del camino versará sobre estos mismos tópicos: la incapacidad y embotamiento de los discípulos para comprender el verdadero sentido del camino del seguimiento, presente en su falta de comprensión del destino último del Hijo del hombre, Jesús (9, 9-10); su falta de fe para expulsar el demonio del muchacho epiléptico (9, 14-29); sus disputas acerca de quién ha de ser el mayor entre ellos (9, 33-37), la petición de los hijos del Zebedeo (10, 35-40), etc.

Sin embargo, será precisamente aquí, en medio de tantos severos reveses y bochornosas contradicciones que se ciernen sobre los discípulos y que parecen a cada instante erguirse como implacable evidencia de que tal camino asumido en virtud de todas sus humanas debilidades y limitaciones, no es más que una travesía malograda incluso antes de ser emprendida, en donde quedará expresado de un modo claramente elocuente que el camino del seguimiento es un camino que en primera y en última instancia se justifica y se valida así mismo, tan sólo en virtud de la dignidad del que llama y, ni si quiera, de forma mediata, en la segura obediencia y cabal sensibilidad de los discípulos. Estos sólo pueden mantenerse en pie de modo de continuar en el trayecto no en virtud de sus capacidades y fuerzas, sino en el pleno abandono y dependencia a las palabras y a la persona de su Maestro (cf. 9, 7). Es en razón de todo aquello que para Marcos habrá de ser durante este camino que antecede a Jerusalén, en donde habrá de quedar abierta la brecha que habrá de diferenciar a aquellos que han venido tras Jesús en busca del puro beneficio material del taumaturgo y, aquellos otros a quienes les ha movido la sola autoridad de su palabra. Tal distinción debe quedar inequívocamente establecida ya durante el trayecto del camino, porque a Jerusalén podrán entrar con Jesús solamente con Jesús solamente sus discípulos, aquellos que lo han dejado todo para seguirle, y que han podido afirmar respecto de él, aunque todavía como una declaración introductoria, una confesión incipiente: “Tú eres el Cristo” (8, 29); “Jesús Hijo de David, ten piedad de mí” (10, 47). Por ello para Marcos el episodio del ciego Bartimeo, último verdadero discípulo del camino, es decir, uno que ²6@8@b2,4 "ßJj ¦< Ò*`H (10, 52), ha debido quedar registrado sólo en la antesala de Jerusalén, sin todavía situarse en ésta. Por último, a medida que el trayecto del camino va llegando a su recta final y el encuentro con la ciudad santa se va tornando más próximo, la presencia de la cruz para los discípulos se transformará en una realidad cada vez más presente y concreta, todavía más cuanto que el mismo Jesús, comenzará a desvelarle de un modo claramente más abierto su necesidad de entrega sin condiciones por el reino (8, 31-33). De acuerdo al tercer anuncio de la pasión, este acontecimiento de la cruz que se avecina hará que los discípulos experimenten con un cada vez más creciente asombro y temor el arribo a la santa ciudad del judaísmo: “Iban subiendo camino hacia Jerusalén, y Jesús se les había adelantado, ellos estaban asombrados, y le seguían con temor” (Mc 10, 32).